jueves, 25 de agosto de 2016
La noche oscura del alma
Más real que el Coco y el Hombre del saco. Mucho más terrorífica. Una experiencia que, definitivamente, te cambia la existencia. Te secuestra como lo harían ellos. O, por lo menos se lleva una parte de ti. Y lo mejor de todo es que después de todo el terror, la oscuridad y el helor en tu pecho... Después de todo eso, amanece. Y puedes ver la luz de un nuevo día, de una nueva era. Tu luz.
miércoles, 24 de agosto de 2016
Back on Track
Por esto y porque no quiero que las cenizas del ayer ensucien los prados aún yermos del hoy y del mañana. Por esto y por mucho más, hoy decido girar la vista. Decido mirar con atención lo que dejo atrás, pero sólo para que los pasos andados sean la guía de los que me quedan por andar.
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.
sábado, 9 de enero de 2016
Adrenaline J*mpep
Ahora me gustaría decirte que siento esa adrenalina. Esa puta energía corriendo por mis venas. Animándome a devorar el mundo. El puto Rock'n'Roll, el Grunge del Nevermind y todo lo que sigue. Que me río de tu idea de formar una familia. Que no entiendo cómo se te puede pasar eso por la cabeza. Pero confieso que, si alguna vez tuviera hijos, querría que tuvieran esa efervescencia tuya corriendo por sus venas.
viernes, 6 de noviembre de 2015
Allí.
Allí, donde los niñatos ahora rodean la gran manzana. Allí solíamos hablar de botones secretos y de que habíamos nacido para triunfar en América.
Allí construíamos sueños, hacíamos promesas y decíamos adiós a nuestros miedos. Allí alargábamos los instantes como tantas veces antes habíamos hecho en tantos otros sitios.
Allí, donde los niñatos ahora lucen su nido vacío. Allí, donde los niñatos se conectan a la gran máquina de diálisis que los priva de oxígeno. Allí nosotros nutríamos nuestras entrañas de la más intensa vida que jamás pudimos y podremos nunca soñar.
https://youtu.be/6Ck6Hcg2cjk
sábado, 8 de agosto de 2015
Broken Soul
Ojalá pudieras oírme ahora mientras canto. Sí, he compuesto un gran hit. Es una canción sobre L. Ya sabes, aquel que solías ser. De aquel que me enamore años atrás y que seguramente murió ahogado en tus entrañas. He decidido sacarlo todo. Me he vaciado en una hoja de papel. Nos he vaciado a los dos. Hasta que no ha quedado nada. Ahora todo está en ese pedazo de papel. Nunca creí poder hacerlo. Pero ahí están nuestras tres hojas. Lo que solíamos ser. Lo que fuimos una vez. Sólo los restos.
Sé que ahora ya no te importa. Sé que te da igual todo. Desde que L y Alma murieron para ti, lo que me pasa por la cabeza te resulta tan irrisorio... Pero no pasa nada. Yo reconozco que intenté salvarlos. A los dos. Lo intenté a toda costa. Sobre todo a L. Porque Alma no podía existir sin L. Pero lo tomaste tan violentamente hacia tus adentros, que poco pude hacer. Yo intenté mantenerlo vivo en mis recuerdos. Pero ya no fue lo mismo. Sé que yo tampoco ayudé. Sé que te dejé solo y con algo tan grande que era más bien poco lo que podías hacer al respecto. Y entiendo tu decisión.
Lo que me duele es que llevo un tiempo intentando matarte. Ha pasado tanto tiempo y has crecido tanto en mis recuerdos que empiezas a ocupar un espacio desmesurado. Y siento repetirlo, pero he intentado matarte una y otra vez. Bueno, lo que quedaba de ti. Lo he probado todo. El famoso odio, un viaje al País de Nunca Jamás para ver si te quedabas, y lo peor, la liberación. Digo lo peor porque, sorprendentemente, mientras más intentaba liberarte, más querías quedarte. Bueno, repito, no tú, lo que quedaba de ti, de L.
Y es por esa razón que he agotado mi único recurso. Ya que no puedo matarte, ni ahogarte, ni liberarte, por lo menos he conseguido sacarte de mí. Seguirás ahí. Y cada vez que cante la canción, volverás a nacer. Pero ya no estás dentro. Y ojalá pudieras oírme ahora mientras me desgarro. Mientras las lágrimas recorren mis mejillas, porque siento el dolor en lo que queda de mi Alma rota al notar cómo sales. Porque dueles. Ojalá pudieras verme, mirarme firmemente y decirme que todo se fue y que ya no guardas nada. Porque si lo hicieras, si me miraras y me dijeras, con el corazón en la mano, que ya no queda nada, ni una sola ceniza de la que renacer... Sería mucho más fácil.
sábado, 1 de agosto de 2015
martes, 16 de diciembre de 2014
Visualizaciones
Recuerdo que, cuando era pequeña, solía tener pequeñas visualizaciones. No sé muy bien de dónde venían, pero sé que salían de lo más dentro de mí. Aparecían de golpe. Al principio, yo me sentía extrañada, porque no comprendía nada de lo que estaba viendo, ni qué relación tenía.
En realidad, miento. No me cuestionaba nada como hago ahora. Era niña y simplemente lo dejaba fluir. Ya casi no recuerdo lo que es eso. Pero sí que recuerdo que me encantaba que aparecieran. Y también que hacía todos los esfuerzos por maximizarlas, por alargarlas y darles más vida y recordar todo cuanto podía.
Estaba aquella del lago. Yo veía (e incluso era) una mujer joven, de unos treinta años. Estaba en aquella edad perfecta en la que seguía siendo joven, pero gozaba de una madurez y una experiencia que la hacían inevitablemente atractiva. Tenía clase. Y lo digo porque, aunque vestía unas piezas de ropa sencillas, lucía como una artista. No recuerdo si era un vestido o unos pantalones bombachos de lino. Sé que eran blancos o de color crema. Lo que sí que recuerdo es su sombrero. Uno de esos sombreros de paja tipo pamela. También blanco, por supuesto. Ella tenía el pelo castaño con reflejos caoba y rizado. Y sonreía cual anuncio de crema profident. Se hallaba sentada en la orilla del lago, junto a los juncos. El lago era enorme y alimentaba a cientos de flamencos. Era el atardecer de uno de esos primeros días de primavera. El sol pegaba fuerte y ella se refugiaba debajo de su sombrero. Pero seguía sonriendo, como si sonriera a la vida y diera las gracias por todo aquello que le había dado la oportunidad de vivir. Estaba relajada, disfrutando del momento. Respiraba aquel aire todavía fresco e inhalaba vida. Y era curioso, porque mientras más la visualizaba, más en paz me hallaba yo. Incluso, en ocasiones, sentí que esa persona era yo misma en un futuro, por aquel entonces, lejano.
En otra ocasión, lo que visualizaba era aquel piso. Estaba a oscuras porque era de noche, pero podía ver aquellas escaleras de mármol y la pared cristalera. La lámpara negra de mesita encendida. Y aquellos cuadros de mujeres con sombreros que tan estilosos eran entonces. El teléfono rojo de rueda. Me suena que en algún momento también visualicé el baño. Con una bañera grande y baldosas negras y acabados dorados por todas partes. Recuerdo ese ambiente rococó chic de los ochenta impregnando aquella casa. Esa sensación de arte sobrecargado y, al mismo tiempo, de glamour. Supongo que a fin de cuentas, parte de la esencia de esos ochenta.
No recuerdo mucho más ahora, pero sé que aquel piso debía ser de alguna persona del mundo del arte. Recuerdo la escalera, corta, de apenas cuatro o cinco peldaños. Parecía un apartamento de bien. Seguramente vivía alguien con mucho estilo y elegancia. Y esa sensación de importancia, de sentirse importante por el mero hecho de encontrarse allí.
Luego hay microvisualizaciones. Aquellas que se focalizan en un único elemento o que duran poco tiempo. Pero son igualmente intensas.
Estaba aquella de la casa con la cocina de madera. La típica cocina con los muebles de madera. Esa cocina grande y entrañable donde uno siempre se siente en casa. El lugar de reunión familiar. Y alguien cocinando. Creo que carne asada. O un pastel de carne. Una mujer adulta. Pero cambiante. A veces cuarenta, a veces cincuenta, a veces sesenta. Pero lo que recuerdo era la tranquilidad que sentía cuando visualizaba todo aquello. El calor del hogar. El sentimiento familiar. Aquello de pertenecer a un hogar. Supongo que todo aquello que esas series ochenteras y noventeras querían vendernos.
Y luego, ya de más mayor, poco antes de dejar de visualizar, aquella sala de ensayo. Recuerdo las paredes rojas. Y era muy amplia. Aquella sala me daba un sentimiento de Nirvana, de "Smells Like Teen Spirit". Ese nihilismo adolescente mezclado con esas ganas de comerse el mundo. Los adolescentes son contradictorios hasta para eso. Bueno, el caso es que no recuerdo mucho más, pero recuerdo que en aquella sala de ensayo salían cientos de hits. Y las productoras llamaban constantemente para que siguiéramos enviando un temazo tras otro. La guarida de la inspiración, le hubiera llamado yo. Muy sexo, drogas y R'n'R. Claro que por aquel entonces, no había drogas. Pero sí recuerdo humo de tabaco. Y muuuuuucha inspiración.
Me parece tremendamente curioso que ahora, tantos años después, caiga en la magia de aquellas visualizaciones. Descubrí hace pocos años que el cerebro es capaz de experimentar situaciones sin estarlas viviendo. Sólo con imaginarlas. Pero el cerebro produce la misma sensación que uno tendría al estar viviéndola de verdad. Y coño, ahora que lo recuerdo es completamente cierto. También estaba aquella visualización en el baño de la primera casa que tuvimos. La bañera tenía aquella mampara de obra, y al ducharte quedabas completamente aislado. Y yo recuerdo, masoca de mí, que me visualizaba en pleno naufragio, rodeada de tiburones, mientras caía el agua fría de la ducha. Y... ¡Qué miedo pasaba!
Recuerdo que mi madre solía abroncarme por estar "imaginando" a todas horas. Decía que tenía la cabeza siempre en mil sitios. Ahora lo pienso y creo que es de las cosas más bonitas que podía hacer de pequeña. Una pena que, como casi siempre, decidiera creer que los adultos SIEMPRE tienen la razón. Porque "imaginar", como decía ella, era la cosa MÁS MOLONA del mundo entero.
http://youtu.be/em30XL9c5NQ



